sábado, 28 de septiembre de 2019

Con nos Amiri Baraka, os seus poemas


Prefacio para una nota de suicidio en veinte volúmenes - Amiri Baraka

Prefacio para una nota de suicidio en veinte volúmenes - Amiri Baraka (LeRoi Jones) - Estados Unidos


                                                     For Kellie Jones, Born 16 May 1959

 Lately, I've become accustomed to the way
 The ground opens up and envelopes me
 Each time I go out to walk the dog.
 Or the broad edged silly music the wind
 Makes when I run for a bus...

 Things have come to that.

 And now, each night I count the stars.
 And each night I get the same number.
 And when they will not come to be counted,
 I count the holes they leave.

 Nobody sings anymore.

 And then last night I tiptoed upTo my daughter's room and heard her
 Talking to someone, and when I opened
 The door, there was no one there...
 Only she on her knees, peeking into

 Her own clasped hands
_________________________________

Para Kelly Jones, nacida el 16 de mayo de 1959
Últimamente me he acostumbrado a la manera
en que el suelo se abre y me envuelve
cada vez que salgo para pasear al perro.
O a la música inconfundible, afilada y tonta que hace
el viento cuando corro para alcanzar el bus...

Las cosas han llegado a este punto.

Y ahora, cada noche cuento las estrellas.
Y cada noche obtengo el mismo número.
Y cuando ellas no vienen para que las cuente,
cuento los agujeros que dejan.

Ya nadie canta.

Y entonces, anoche subí en puntas de pies
hasta la habitación de mi hija y oí
que le hablaba a alguien, y cuando abrí
la puerta no había nadie más allí...
sólo ella, arrodillada, espiando dentro

de sus propias manos cerradas



Versión de Jonio González
Amiri Baraka (LeRoi Jones)

– Amiri Baraka, el poeta que quiso volar Amerikkka

– Amiri Baraka, el poeta que quiso volar Amerikkka





– Amiri Baraka, el poeta que quiso volar Amerikkka





Amiri Baraka, el poeta que quiso volar Amerikkka

Publicado por Daniel Salgado

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Amiri Baraka en la National Black Political Convention, 1972. Fotografía cortesía de Cereal Records.
La verdad es la tarea del poeta. Y la verdad de Amiri Baraka era la fractura, la división, la contradicción, la tensión. La verdad del poeta que pelea por liberar las palabras del lenguaje del consenso. Que investiga las razones de la opresión. «Estoy dentro de alguien / que me odia», escribió. Era 1964 y su conciencia se debatía violentamente entre la lealtad a la lucha de su pueblo, el afroamericano, y su carrera literaria como beatnik de segunda hora. The Dead Lecturer (El conferenciante muerto), su libro de poemas de aquel año, funciona como crónica de esa escisión. Fotografía de la encrucijada en que historia y literatura colisionan, publicado meses antes del asesinato de Malcolm XLeRoi Jones, después Baraka, no volvería a ser el mismo. Su vida y su obra, sacudidas al igual que sacudidos estaban los Estados Unidos de aquel tiempo, despegaría hacia el radicalismo político y estético.
«Queremos poemas que asesinen», escupía en «Black Art» («Arte negro»)poema grabado en 1965 junto a titanes del free jazz como Albert AylerSunny Murray o Don Cherry. Entonces de nombre LeRoi Jones, nacido en Newark (Nueva Jersey) en 1934 y muerto setenta y nueve años después en la misma ciudad, dedicó su vida a escribir poemas asesinos. Poemas bomba. Redactó el acta notarial de la experiencia negra en el vientre del imperio y de su resistencia social, política, cultural. «Queremos un poema negro. Y un / Mundo Negro. / Dejad que el mundo sea un Poema Negro / Y Dejad que Toda la Gente Negra Diga Este Poema / Silenciosamente / o en VOZ ALTA», acaba «Black Art». Su poesía apenas está traducida a lenguas peninsulares y de su prosa solo se encuentran disponibles sus radicales e indispensables ensayos sobre música afroamericana —Black Music. Free jazz y conciencia negra y Blues people. Música negra en la América blanca. Pese a la miopía del mundo editorial español, la trayectoria de LeRoi Jones, después Amiri Imamu Baraka, después Amiri Baraka, lo sitúa como uno de los escritores fundamentales de la literatura norteamericana de la segunda mitad del siglo XX.
Tal vez «controvertido» sea el adjetivo que más veces se ha utilizado para definir a Baraka. El joven poeta beat que alternaba con Allen Ginsberg o Frank O’Hara y que en 1961 publicó Prefacio a una nota de suicidio en veinte volúmenes (Preface to a Twenty Volume Suicide Note), su primera colección de poemas, no tardó en dar paso al furibundo nacionalista negro que advertía cómo el mundo se venía abajo a su alrededor. «Valéry como dictador» tituló otro de sus textos, incluido en El conferenciante muerto, en el que se preguntaba: «¿Qué es el mañana / que no puede llegar / hoy?». Y el mañana fue el asesinato de Malcolm X, la ruptura de Baraka con la escena del Greenwich Village, en Nueva York, y con su mujer blanca —la editora Hettie Cohen— y su traslado a Harlem, el barrio negro. Abandonó su nombre LeRoi Jones y se bautizó como Imamu Amiri Baraka —patronímico musulmán bantuizado que significa «líder espiritual príncipe bendito»; con los años se desprendió también del «Imamu»—. Llamó Home —traducido en una vieja edición argentina con un expresivo De vuelta a casa— a su antología de ensayos de 1966, en la que informaba del impacto que le había causado su visita a Cuba y su contacto con los intelectuales rebeldes del tercer mundo, trazaba un retrato urgente de la importancia del pensamiento de Malcolm X y prescribía las obligaciones del «artista negro»: «La función del artista negro en Norteamérica consiste en favorecer la destrucción de la Norteamérica que él conoce».


Para el profesor William J. Harris de la Universidad de Kansas, Baraka era ya entonces «el Frantz Fanon de la poesía», un escritor discutido, «el poeta psicólogo del intelectual radical negro», en búsqueda permanente, nunca en silencio, nunca quieto. El hombre que exponía en el escaparate todas sus contradicciones y las de su raza. En «Black Dada Nihilismus», feroz  poema que lee acompañado del New York Art Quartet en 1965, la violencia producto de una situación violenta se despliega con extrema crudeza, tanta que resulta difícil escuchar de frente esa voz: «De Sartre, un hombre blanco, dio / el último aliento. Y rogamos que muera, / antes de que lo asesinen (…) Acude, nihilismo negro / dadá. Viola las chicas blancas. Viola / a sus padres. Corta las gargantas de sus madres». La exploración de los límites, de todos los límites, será, quizás, el hilo rojo que atraviese la obra poética de Baraka, como mínimo hasta el polémico poema post-11S «Alguien hizo saltar América por los aires» («Somebody Blew Up America»).
Pero fue también el dramaturgo que dejó el Off-Broadway temblando con The Dutchman (El holandés), ataque furioso contra el racismo y su imbricación en la lucha de clases. Y uno de esos críticos de jazz partisanos al que, aun así, nadie podía ignorar. De la cegadora importancia de la música en la expresión cultural de los afroamericanos dejó constancia en su estudio El mito de la literatura negra: «Nunca hubo un equivalente de Duke Ellington o de Louis Armstrong en la literatura negra, e incluso la mejor literatura contemporánea escrita por negros no puede compararse con la fantástica belleza de la música de Charlie Parker». Defensor de los airados músicos del free jazz cuando el establishment solo los percibía como amenaza o como burla, su propia poesía interioriza ritmos y estructuras de la gran tradición de la música negra a la que, al mismo tiempo, emplea como materia del poema.
En 1979, a los pocos años de alejarse del nacionalismo negro, en el que veía una «destructiva forma de racismo», y declararse «un socialista del tercer mundo», escribe el largo poema dedicado a John Coltrane «Am/trak», que finaliza con su recuerdo de la muerte del saxofonista durante los disturbios raciales de Newark, en los que Baraka fue arrestado: «(Acostado en confinamiento solitario, julio del 67 / Los tanques recorrían Newark / y yo silbaba todo lo que sabía de «Trane» / la sabiduría de mi latido / y él estaba muerto / dijeron. / Y aún la pasada noche puse «Meditations» / y me dijo qué hacer / ¡Vive, loco hijo de / puta! / y organiza / tu mierda / mientras arde / correctamente». El poema se retuerce, implosiona, durante siete páginas en las que el lenguaje del jazz y la destrucción de la cultura de los esclavistas celebran la «Universidad de Coltrane, un jodido doctor en filosofía». En la poesía de Amiri Baraka, los subalternos asaltan el poder. O, cuando menos, proclaman su oposición. «Pero justo cuando os levantáis para relameros yo grito ¡COLTRANE! ¡STEVIE WONDER! / ¡MALCOLM X! / ¡ALBERT AYLER! / ¡THE BLACK ARTS!», afirma en otra composición clave, «En la Tradición» («In the Tradition»), de 1982, homenaje al disco de Arthur Blythe del mismo título.


El otrora filósofo del jazz libre peleaba por despertar la tradición de la black music de su sueño conformista. Adscrito a lo que él mismo denominó «estética marxista tercermundista», defendía la necesidad de «obras de teatro directas, poesía directa, y no oscura». «Creo que incluso la más simple declaración debería contener la más avanzada comprensión, y la más avanzada comprensión debería contener la más simple declaración», explicaba en una entrevista sobre «el teatro y la revolución inminente» recogida en el volumen Conversaciones con Amiri Baraka. Teoría y práctica, como demuestra el balazo de disco music al que puso letra en 1978. La banda intérprete, atención, The Advanced Workers with the Anti-Imperialist Singers: «You Was Dancin’ Need To Be Marchin So You Can Dance Some More Later On». Se podía bailar. Era su revolución. Como era la revolución del poeta de Funk Lore (Sabiduría funk), que recoge textos y elegías dedicados a Duke Ellington y Thelonious Monk, o del que algunos críticos consideran su más acabado libro de poemas, Wise, why’s, y’s (1995), una reescritura de la epopeya emancipadora afroamericana en forma de canto griot, otra de las formas de la poesía oral —como el scat singing del jazz, el spoken word o el propio rap— que interesó a Baraka. O del elepé de 1980 New Music-New Poetry, en el que, escoltado por el batería Steve McCall y el saxo de David Murraylee «Against Burgeois Art» («Contra el arte burgués») o «Class Struggle in Music» («La lucha de clases en la música»).
Amiri Baraka no se rendía. La opresión racial era, para él, inseparable de la opresión de clase. Y esta combinación, consecuencia de la dirección imperialista de su país, los Estados Unidos de América. Su visión política, cristalizada en la oscura década de los setenta, determinaba su escritura, su intervención cultural. En el Obama de primera hora, pese a la abismal distancia ideológica, percibió «la cuarta revolución que ha habido en América. La primera, por supuesto, fue eliminar a los británicos; la segunda, la guerra civil y toda la desegregación negra; después el movimiento por los derechos civiles en los sesenta. Esta es la cuarta, la elección de Barack Obama». «Lo veo como el fruto de las luchas de gente como el doctor KingCarmichael y Malcolm X», añadía en esa misma entrevista, en noviembre de 2008. Pero él, militante de la filosofía de la sospecha, no se confió. No extendió un cheque en blanco. Acostumbrado al ojo del huracán, no hacía tanto tiempo que la reacción se había abalanzado sobre su figura. Y todo por un poema: «Alguien hizo saltar América por los aires» («Somebody blew up America»).


Letanía implacable, poesía política oral, requisitoria contra el imperio, rap de combate e imprecación anafórica antifascista, «Alguien hizo saltar América por los aires» fue la respuesta del viejo poeta irreductible a los acontecimientos derivados del 11S. Baraka procede a través de una interminable serie de preguntas retóricas que desgranan las fechorías de los Estados Unidos a lo largo de sus dos siglos de existencia —del exterminio de las poblaciones originarias a la política exterior expansionista, del terrorismo de Estado contra los Panteras Negras a la caza de brujas— e insinúa, he aquí el pecado que causó sus mayores quebraderos de cabeza, que Israel conocía los planes de ataque a las Torres Gemelas: «Quién sabía que iban a bombardear el World Trade Center / Quién dijo a los cuatro mil trabajadores israelíes de las Torres Gemelas / Que se quedasen en casas ese día / ¿Por qué Sharón se mantuvo alejado? // ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién?».
La crítica literaria difirió, en esta ocasión, de la política. Para el profesor Edward Kamau Brathwaite, el libro que incluía «Alguien hizo saltar América por los aires», publicado en 2004, era «un hito en la reconstrucción cultural revolucionaria y radical negra». Pero la polvareda resultó fenomenal. Y densa. Las instituciones oficiales de Nueva Jersey retiraron a Amiri Baraka la condición de «Poeta Laureado» del estado bajo la consabida acusación de antisemitismo. No solo eso: suprimieron la distinción. «El asunto es que», se explicaba el escritor, «si ni siquiera puedes cuestionar un país extranjero sin que te llamen antisemita, bien, ¿qué tenemos que hacer? ¿No puedo cuestionar lo que sucede en Darfur o en el Congo sin que me llamen antinegro? Cada vez que cuestionas actividades ilegales, si se trata de un Estado soberano y sin miedo, entonces aparece alguien que te tilda de antijudío. Pero la gente está descubriendo que se trata de un disfraz y que intentan enmascarar el mal». Tal vez su poesía, su vida, no fue otra cosa que un intento, en honor a Bertolt Brecht, de desenmascarar el mal.
Amiri Baraka, uno de los poetas afroamericanos más importantes del siglo XX, trabajó como profesor en varias universidades estadounidenses. Murió en enero de 2014.

lunes, 17 de diciembre de 2018

adrienne rich. cartografías del silencio

de sibilas y pitias: adrienne rich. cartografías del silencio: Cartografías del silencio  1 . Una conversación comienza con una mentira, y cada hablante de la supuesta lengua común sien...

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Cartografías del silencio

 1.
Una conversación comienza
con una mentira, y cada

hablante de la supuesta lengua común siente
cómo los témpanos se parten, se separan

impotentes, como si se enfrentaran
a una fuerza de la naturaleza.

Un poema puede comenzar
con una mentira. Y romperse.

Una conversación tiene otras leyes
se recarga con su propia

energía falsa, no se puede romper.
Se mete en nuestra sangre. Se repite a sí misma.

Inscribe con su estilete no retornable
el aislamiento que niega.

2.
La emisora de música clásica
suena hora tras hora en el departamento

levantar y levantar
y otra vez levantar el teléfono.

Las sílabas que dicen
el viejo guión sin parar.

La soledad del mentiroso
que vive en la red formal de la mentira

girando el dial para ahogar el terror
debajo de la palabra no dicha.

3.
La tecnología del silencio
los rituales, la etiqueta

la confusión de los términos
silencio no ausencia

de palabras o música o incluso
sonidos en bruto.

El silencio puede ser un plan
ejecutado con rigor

la trama de una vida.

Es una presencia
tiene una historia una forma.

No lo confundas
con cualquier tipo de ausencia.

4.
Qué calmas, qué inofensivas comienzan
a parecerme estas palabras

aunque iniciadas en el dolor y la ira.
¿Puedo atravesar esta película del abstracto

sin herirme a mí misma o a ti?
Hay suficiente dolor acá.

¿Es esta la razón por la que suena la emisora clásica o la de jazz?
¿Para dar sentido a nuestro dolor?

5.
El silencio se desnuda:
en la Pasión de Juana de Dreyer.

el rostro de Falconetti, el pelo rapado, una gran geografía
examinada en silencio por la cámara.

Si hubiese una poesía donde esto pudiera ocurrir
no como espacio en blanco o como palabras

estiradas como una piel sobre los significados
de una noche en la que dos personas hablaron hasta el amanecer.

6.
El grito
de una voz ilegítima

ha dejado de oírse, por lo tanto
se pregunta a sí mismo

¿Cómo existo?

Este era el silencio que quería romper en ti
Tenía preguntas pero no respondiste.

Tenía respuestas pero no las podía usar.
Es inútil para ti y quizás para los demás.

7.
Era un tema antiguo incluso para mí:
El lenguaje no puede todo:

escríbelo con tiza en las paredes de los mausoleos
donde yacen los poetas muertos

Si  cuando el poeta quiere el poema
pudiera convertirse en algo:

un ala de granito al descubierto, una cabeza en alto
encendida por el rocío

Si pudiera simplemente mirarte a la cara
con ojos vacíos, sin dejar que te des vuelta

hasta que tú, y yo que quiero hacer esto,
fuéramos iluminados al fin por su mirada.

8.
No. Déjame tener esta tierra,
estas pálidas nubes adustas y persistentes, estas palabras

moviéndose con precisión feroz
como los dedos de un niño ciego

o la boca del recién nacido
violenta de hambre.

Nadie puede darme, hace tiempo
adopté este método

así como el salvado que cae de la bolsa de red
o de la llama del mechero que se volvió pobre y azul

Si de vez en cuando envidio
la anunciación pura a simple vista

la visio beatifica
si de vez en cuando anhelo convertirme

en el hierofante eleusino
que sujeta una única espiga de cereal

para el regreso al mundo concreto y eterno
que en realidad sigo eligiendo

son estas palabras, estos susurros, conversaciones
donde la verdad se vuelve verde y húmeda una y otra vez.

Adrienne Rich, Baltimore, 1929 – Santa Cruz, 2012
De Cartographies of Silence, Kore Press, Tucson, 1996
Versión © Silvia Camerotto


Cartographies of Silence

 1.
A conversation begins
with a lie. and each

speaker of the so-called common language feels
the ice-floe split, the drift apart

as if powerless, as if up against
a force of nature.

A poem can begin
with a lie. And be torn up.
 
A conversation has other laws
recharges itself with its own

false energy, cannot be torn up.
Infiltrates our blood. Repeats itself.
 
Inscribes with its unreturning stylus
the isolation it denies. 
2.
The classical music station
playing hour upon hour in the apartment

the picking up and picking up
and again picking up the telephone

The syllables uttering
the old script over and over

The loneliness of the liar
living in the formal network of the lie

twisting the dials to drown the terror
beneath the unsaid word

3.The technology of silence
the rituals, etiquette

the blurring of terms
silence not absence

of words or music or even
raw sounds.

Silence can be a plan
rigorously executed

the blueprint of a life.

It is a presence
it has a history a form.

Do not confuse it
with any kind of absence.

4.
How calm, how inoffensive these words
begin to seem to me

though begun in grief and anger.
Can I break through this film of the abstract

without wounding myself or you?
There is enough pain here

This is why the classical or the jazz music station plays?
to give a ground of meaning to our pain?

5.
The silence strips bare:
In Dreyer's Passion of Joan

Falconetti's face, hair shorn, a great geography
mutely surveyed by the camera.

If there were a poetry where this could happen
not as blank space or as words

stretched like skin over meanings
of a night through which two people have talked till dawn. 
6.
The scream
of an illegitimate voice

it has ceased to hear itself, therefore
it asks itself

How do I exist?

This was the silence I wanted to break in you
I had questions but you would not answer.

I had answers but you could not use them
The is useless to you and perhaps to others.

7.
It was an old theme even for me:
Language cannot do everything-

chalk it on the walls where the dead poets
lie in their mausoleums

If at the will of the poet the poem
could turn into a thing

a granite flank laid bare, a lifted head
alight with dew

If it could simply look you in the face
with naked eyeballs, not letting you turn

till you, and I who long to make this thing,
were finally clarified together in its stare.

8.No.
 Let me have this dust,
these pale clouds dourly lingering, these words

moving with ferocious accuracy
like the blind child's fingers

or the newborn infant's mouth
violent with hunger

No one can give me, I have long ago
taken this method

whether of bran pouring from the loose-woven sack
or of the bunsen-flame turned low and blue

If from time to time I envy
the pure annunciation to the eye

the visio beatifica
if from time to time I long to turn

like the Eleusinian hierophant
holding up a single ear of grain

for the return to the concrete and everlasting world
what in fact I keep choosing

are these words, these whispers, conversations
from which time after time the truth breaks moist and green.

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