martes, 19 de marzo de 2013

Poema del día: "Ofelia", de María Victoria Atencia...

Recorreré los bosques, escucharé el reclamo
en celo de la alondra, me llegaré a los ríos
y escogeré las piedras que blanquean sus cauces.
Al pie de la araucaria
descansaré un momento y encontraré en su tronco
un apoyo más suave que todas las razones.

Prendida de sus ramas dejaré una corona
y el agua por mil veces repetirá su imagen.
Adornará mi pelo la flor del rododendro,
inventaré canciones distintas de las mías
y cubriré mi cuerpo de lirios y amarilis
por si el frescor imprime templanza a mi locura.

jueves, 7 de marzo de 2013

ESTE LUNS, HART CRANE CON NOS

http://www.lexia.com.ar/HART%20CRANE.htm
Clarence Arthur Crane era el padre de Hart. También un exitoso hombre de negocio que pudo acumular una buena porción de dinero al incursionar en el rubro de los caramelos .Se dice que llegó  a tal asunto después de inventar el salva vidas. Cosa curiosa: en ningún momento se le ocurrió calzarse uno para librarse del problema que le significó caer en el maremoto matrimonial celebrado con Grace.

Grace Crane era madre de Hart . Asimismo, contrincante de Clarence en el cuadrilátero de dos plazas donde ambos tenían por costumbre boxearse cada vez que lo consideraban necesario.

Cuando digo “cada vez que lo consideraban necesario” quiero decir “siempre que lo consideraran adecuadamente necesario”.

Piña va piña viene,  como los enfrentamientos prometían culminar en tragedia, Clarence y Grace se divorciaron en 1916  .

Gracias a esto el ambiente se volvió más apacible en el vecindario. Pero poco tiempo después el desapacible Hart Crane decidió dejar de perder tiempo en la escuela tanto como en el vecindario que para entonces se había vuelto estiradamente aburrido.

Entonces partió hacia New York City. Entre los años 1917 – 1924 estuvo dando vueltas y vueltas en el círculo New York  - Cleveland; trabajando como  mecanógrafo y también en la factoría de su padre.

Sentía a New York como su casa. Es la razón por la que la mayor parte de su producción poética se encuentra ambientada en tal lugar . Como dato accesorio para quienes se encuentren interesados en  conocer su inclinación sexual, les  tiro el siguiente dato:  Hart Crane fue gay.

Parte de su profundo amor por New York  City quizás sea resultado de la tolerancia que ésta  ciudad tenía por  la entonces próspera cultura gay.

Crane se sentía un fracasado. Por ello,  al mediodía del 26 de Abril de 1932,  de regreso a New York City desde México, después de haber sido golpeado por un miembro de la tripulación del barco en que viajaba, confirmó la idea de que no podía ser feliz en éste mundo debido a su condición gay y se suicidó saltando  al Golfo de México.

    ---------

Los poemas que van a leerse  muestran la ductilidad de Crane en el manejo de imágenes abstractas. Así mismos , las inteligentes construcciones gramaticales que producen un impacto en el oído del lector debido a  la utilización adecuada de la rección, nos sumergen en los distintos caminos que el autor se ocupo en recorrer con la finalidad de concretar la creación poética que seguramente debe haber acosado inteligencia de manera insistente .


Al puente de Brooklyn

Cuántos amaneceres, frío tras su merecido descanso,

habrán de zambullirse las gaviotas a su alrededor
soltando anillos blancos de tumulto, erigiendo
la Libertad por encima del agua encadenada

Luego con limpia curva, apartamos los ojos,
espectrales como las velas que pasan por debajo,
de alguna hoja de cálculo que sera archivada;
hasta que el ascensor nos libera de la jornada...

Pienso en los cines, esas vistas panoramicas
de multitudes inclinadas ante una escena trepidante
nunca mostrada, pero a la que pronto se apresuran,
anunciada a otros ojos en la misma pantalla.

Y tú, cruzando el puerto entre destellos de plata,
como si te alcanzase el sol, dejas
en el andar cierto balanceo pendiente.
Tu misma libertad te sigue sosteniendo.

Desde algún tunel de metro, celda o altillo

un loco se apresura hacia tus parapetos,
se inclina un poco, su camisa chillona se hincha,
una broma se arroja desde la atónita caravana.

La luz de mediodía gotea en las vigas de Wall Street,
diente roto del celeste acetileno;
toda la tarde giran las grúas entre nubes...
Tus cables respiran aún el Atlántico Norte.

Oscuro como el cielo de los judios
tu galardón...gracia concedida
de anonimia que el tiempo no disipa:
vibrante absolución, el perdón que nos otorgas.

Arpa y altar fundidos por la furia
(¡qué fuerza afinaría el coro de tu cordaje!),
umbral terrible de la promesa del profeta,
de la oración del paria y del gemido del amante.

De nuevo las luces del tráfico que rozan tu lenguaje,
veloz y sin cesuras, inmaculado suspiro de los astros,
salpican tu ruta, cifran la eternidad.
Hemos visto la noche alzada en tus brazos.

Bajo la sombra de tus pilares esperé;
sólo en la oscuridad tu sombra es clara.
Los iluminados bloques urbanos se han borrado,
ya la nieve sepulta todo un año de hierro...

Insomne como el rio que pasa debajo de ti,
tú que abovedas el mar, hierba que sueña en las praderas,
ven a nosotros, los humildes, baja
y con tu curvatura ofrece un mito de Dios


martes, 19 de febrero de 2013

viernes, 15 de febrero de 2013

ESTE LUNES 18, LUIS PIMENTEL



ESTE LUNES LEEREMOS A LUIS PIMENTEL EN LAS LECTURAS DE POESÍA DE LA BIBLIOTECA CENTRAL DE FERROL. (Plaza de España)
Como es habitual a las 19,30 h

UN POEMA INEDITO DE LUIS PIMENTEL


Karl HubbuchLadrones de pollos. 1923.

SACADO DE LA INTRODUCCIÓN  de BARCO SIN LUCES,  editado por La Voz de Galicia
"Pimentel, fragil e hipersensible ante los dolores de la vida, incluso en momentos menos terribles que los de la Guerra Civil, recurre a la poesía como consuelo, como defensa---por pequeña que ella sea---ante las ofensas de la vida. Titula, precisamente, "MI CONSUELO", el poema (incompleto) en el que diserta sobre la función consolatoria de su poesía:

Si no fueses tú, verso mío,

versos que me esperáis

en trances como éste,

en el rincón de la alcoba

que yo amo tanto.

¿Que haría?, ¡pobre de mi!,

u otro en mi lugar,

sin este consuelo,

sin este divino tesoro

donde poder descansar

un corazón enfermo,

un alma dolorida

que soporta tantas injusticias.

Guarda para ti, mi verso,

lo que yo podía depositar

en un corazón que me comprendiera,

un simple corazón como el mío.

Y llegas siempre, ¡verso mío!,

en la hora justa de la desgracia

cuando todo

parecía...

miércoles, 30 de enero de 2013

XOGO VIL, un poema de Luis Pimentel

Laura Giordani: Juego vil- un poema de Luis Pimentel


Xogo Ruin

Aquil neno
pincháballe os ollos
ós paxaros; 
e gustáballe ver salir
esa gotiña
de aire e de lus,
ise rocío limpio
de mañanciñas frescas.

Logo botábaos
a voar
e ríase de velos
topar contra o valado
de súa casa,
con un ruido
moi triste.

Crecéu e foi de aquiles

martes, 22 de enero de 2013

LA LECCIÓN SUBVERSIVA DE LA POESÍA


Por Aldo Pellegrini
cuyos poemas leeremos el próximo lunes 28 en la BIBLIOTECA CENTRAL DE FERROL, a partir de las siete y media hasta las nueve. Estáis todos y todas invitados .

Hay una fuerza en el hombre, proveniente del simple hecho de vivir, que condiciona su destino de modo fatal. Esta fuerza se vuelve visible a cada momento a través de las manifestaciones del amor, que tiende a trascender del individuo en una comunión con el todo, tiene sus propias leyes irreductibles a los esquemas racionales. La poesía aparece como expresión de ese impulso hacia el cumplimiento de un destino vital, y la fatalidad de ese destino se revela en la poesía como un hecho indiscutible. La poesía no es, por consiguiente, un lujo o un divertimiento, sino una necesidad, del mismo modo que lo es el amor. Todas las otras necesidades, aun las más perentorias, están subordinadas a esos dos, que en definitiva son los dos aspectos de una misma energía primordial que le confiere su verdadero sentido a la vida. Si penetramos profundamente en el significado del viejo refrán "No sólo de pan vive el hombre" comprobaremos que la lúcida sabiduría popular llega a una convicción análoga. Prescindir de la poesía equivaldría a renunciar a la vida.

Considerado así, lo poético no reside sólo en la palabra; es una manera de actuar, una manera de estar en el mundo y convivir con los seres y las cosas. El lenguaje poético en sus distintas formas (forma plástica, forma verbal, forma musical) no hace más que objetar de un modo comunicable, mediante los signos propios de cada lenguaje particular, esa fuerza expansiva de lo vital. Como consecuencia, el mundo poético está en todos, en la medida en que cada hombre es un ser integral. La clara consigna de Lautréamont, "La poesía debe ser hecha por todos", no tiene otro sentido. Aquel que ignora la poesía es un mutilado, tal como lo es aquel que ignora el amor.

La última afirmación podría sugerirnos la idea de que vivimos en un mundo de mutilados, pero no es así: lo que habitualmente encontramos no es la falta de impulso poético sino su represión. Y está reprimido porque vivir hacia lo ilimitado, como exige la poesía, es decir, vivir en la dimensión total, no resulta conveniente para las fuerzas opresoras que dominan el mundo. Aceptar ese modo de vivir significaría prestarle al hombre un carácter casi divino, lo que no interesa a los detentadores del poder, que prefieren considerar al hombre como un objeto, como algo inmóvil y sin dimensión. Para anular a la poesía se ha creado toda una organización de falso pudor, parecida a la que existe para limitar la extensión del amor. Por el crimen de pornografía se concena al amor sin trabas. Parecida condena de pornografía amenaza a la poesía auténtica, sin trabas. Los dos procesos que abren el camino de la libertad, de la acentura, de lo imprevisto y de la exaltación, se ven constreñidos a la categoría de parias sociales.

Abierto el camino de la libertad por la poesía, se establece automáticamente su acción subversiva. La poesía se convierte entonces en instrumento de lucha en pro de una condición humana en consonancia con las aspiraciones totales del hombre. Ceder a la exigencia de la poesía significa romper las ataduras creadas por el mundo cerrado de lo convencional.

Esta función de ruptura no pasa inadvertida para quienes aspiran a una conviviencia basada en la sumisión. Tampoco pasa inadvertida la importancia, la verdadera necesidad de la poesía como factor de expresión vital. La solución contemporánea de estos dos problemas la logran los detentadores del poder domesticando a los poetas, volviéndolos inofensivos, para que ofrezcan un producto falsificado o desnaturalizado que con el título de poesía reciba los honores oficiales, las prebendas. Así se logra un alimento sustitutivo de la pasión poética, que puede designarse con el nombre de poesía "oficial" y que es la negación total de la poesía. Así se alcanza el ideal de los carceleros: lanzar a los poetas contra la poesía.

Por este mecanismo de sustitución, el verdadero poeta queda fuera de la ley, y para darle a su engañifa características de consenso, los carceleros someten a los poetas a la repulsa de la opinión pública. Los detentadores del poder fabrican la llamada opinión pública, y ésta actúa dócilmente en defensa de los intereses que propician la sumisión. La opinión pública es la opinión de los hombres sin opinión, y éstos condenan la poesía. En el momento en que la poesía es colocada fuera de la ley aparece como consecuencia ineludible la figura del poeta repudiado: la poesía se vuelve maldita.

No todos los poetas ceden a la presión del poder y de la opinión pública. Dante, Villon, Blake, Rimbaud, Lautréamont, Artaud, agitaron en una u otra forma el látigo liberador. Pero hay poetas que se rinden, que claudican, y esta claudicación se obtiene a veces por los medios más indirectos. Uno de los medios indirectos de sumisión, en el que caen a menudo verdaderos poetas es el esteticismo. El arte por el arte significa siempre un arte sometido, que rehuye el peligro y busca el calor de los aplausos.

Pero esto no quiere decir que la acción subversiva de la poesía se realice mediante el tratamiento directo de los temas de subversión. No necesita por ejemplo, cantar a la libertad (palabra degradada por los falsarios de todos los colores) pues cantar a la libertad ha demostrado ser uno de los recursos de los propiciadores de la esclavitud. La libertad vive en la poesía misma, en su manera de expandirse sin trabas, en su poder explosivo. Está implícita en el acto de la creación, en ese modo de surgir de las zonas del espíritu donde reina la insumisión, donde es libre en todas las dimensiones. Libre de los esuqemas de la razón, libre de las normas sociales, libre de las prohibiciones, libre de los prejuicios, libre de los cánones, libre del miedo, libre de las rigideces morales, libre de los dogmas, libre de sí misma. En esa zona del espíritu vive la experiencia milenaria de la especie, vive el sentido del hombre, se forman los deseos y las formas impulsoras de la dinámica vital. Allí se establece el vínculo real con el mundo a través de la única vía libre que lleva al universo todo. En esa zona se gesta el milagro, nace la excepción. La poesía tiene allí su imperio, y allí están las fuentes de la imaginación creadora que participa con las potencias del amor en la construcción del ser auténtico, que cuando se lo percibe dentro de sí determina la aparición de un orgullo silencioso y secreto, un orgullo que toma frecuentemente la apariencia de la humildad, y que es patrimonio casi exclusivo, en su monstruosa magnitud, de los santos y de los poetas.

La acción subversiva se manifiesta al ofrecernos la poesía la imagen de un universo en metamorfosis en oposición al universo rígido que nos imponene las conversaciones. La imagen poética en todas sus formas actúa como desintegradora de ese mundo convencional, nos muestra su fragilidad y su artificio, lo sustituye por otro palpitante y viviente que responde al deseo del hombre. Por eso la poesía auténtica degrada a quienes aspiran a existir en un medio dominado por la quietud, un medio pasivo, sin riesgos y sin imprevistos. Ese medio es un esquema irreal, abstracto, desvitalizado; es el falso mundo de la seguridad, que se parece más a un mundo de fantasmas que las más desaforadas creaciones de la imaginación poética. Para completar la paradoja, los defensores de ese mundo irreal se llaman a sí mismos, realistas.

Una actitud disconformista señala el paso inicial que dirige al hombre hacia el centro de acción de la poesía. El poeta se coloca frente a la sociedad aceptada y manejada por los conformistas. La maquinaria social al servicio de una organización deshumanizada reduce a los hombres a números, y cierra todos los caminos. Los que sueñan con el poder, cualquiera que fuere el mecanismo de éste (el dinero, la fuerza, el soborno, el chantaje, la política, el terro) tienden a reducir la conciencia de los hombres a cero. El mundo se convierte así en un reducto sin puertas ni ventanas, domine el patrón oro, o domine la burocracia. La poesía abre puertas y ventanas tanto hacia afuera, hacia el mundo, como hacia adentro, hacia el hombre.

Pero indudablemente la poesía, al introducirnos en el misterio de lo real, nos descubre una vasta zona de peligro, una región inquietante y turbadora. Muchas veces lo poético toma la forma de un acto de violenta provocación y aparece como antipoético, como negador de la creación. Cuando Marcel Duchamp expuso una rueda de bicicleta o un portabotellas con la pretensión de que constituyesen obras de arte, realizó un acto poético del más alto valor subversivo. Lo mismo Rimbaud, al renunciar a la poesía, lleva a su extremo límite la actitud subversiva del poeta. La insumisión alcanza ese límite extremo en el momento en que proclama la negación de la poesía, y ese momento aparece cuando la poesía está seriamente amenazada de domesticidad. Así, lo antipoético se convierte en el valor supremo de subversión y en el mecanismo utilizado por los verdaderos poetas en defensa de la poesía en peligro, para reconquistar su fuerza liberadora. Mediante lo antipoético, se retorna al punto cero, en contacto con la fuente originaria, con el fuego central.

En el proceso utilizado para domesticar a los poetas, el aplauso, el consenso elogioso, la popularidad, son los factores más peligrosos. El poeta que sucumbe a la tormenta de los aplausos debe pensar que los imbéciles, que forman la gran masa de los llamados entendidos, no se equivocan nunca: sólo aclaman lo inofensivo. El poeta debe desconfiar de ese aplauso, de ese elogio unánime, con el que fabrican las rejas de su prisión. Por eso Bretón lanzó un alerta lúcido a los poetas al decir: "La aprobación del público debe rehuirse por encima de todo". Pues un poeta domesticado por el elogio tiene más valor para los predicadores de la sumisión que los inocentes versificadores que ellos presentan como sustituto. El poeta domesticado se convierte en ejemplo de la inutilidad de ser libre. Como el león domesticado, es una caricatura grotesca de un gran señor de la libertad, y sus rugidos adquieren entonces acentos de canto de ruiseñor. No es la confortable y estéril placidez de los parques artificiales la que conviene al poeta; su poder combativo y creador se exalta en la sorda lucha de la selva, y para el poeta de hoy la selva ha encontrado residencia en las grandes metrópolis, donde brotan del suelo gigantescos rascacielos, donde la vida se ve vuelta en la mañana inextricable y despiadada de un mundo mecanizado, y hombres-serpientes y hombres-chacales pululan por las calles.

El humor es el elemento que provee a la poesía de su mayor virulencia. Acerado como la luz, el humor se constituye en la vanguardia combativa en pro de la autenticidad del ser. Con su filo luminoso corta la oscuridad, y aporta el fuego que consume lo muerto y reanima lo vivo. Contiene el feroz deseo del hombre en su virtualidad renovadora, que corroe el mundo de lo inmóvil y lo opaco.

Latente o concreta, la subversión contenida en la poesía auténtica no ofrece dudas; pero la poesía no se reduce a un acto negativo puro: contemporáneamente a su acción provocadora afirma su fe en un mundo mejor que responda a la íntima realidad del hombre. Por eso sostiene una posición de recuperación de todos los antiguos mitos que ofrecen salida al desamparo: el mito del paraíso terrenal, el mito de la edad de oro. La poesía cree en esos mitos así como cree en la fuerza todopoderosa del amor. En esa común pasión coinciden los poetas con los fundadores de religiones. Esa es la causa por la que El sermón de la montaña se reúne con Así hablaba Zaratustra en la misma defensa del hombre. También los poetas hacen suya la memoria de los mártires que buscaron cambiar la condición humana, pues las torturas infligidas a los santos, a los revolucionarios y a los poetas, tienen todas el mismo significado de persecución del espíritu poético, de aniquilación del hombre que no se resigna a un destino sórdido. En una misma veneración se engloba a Jesucristo, Giordano Bruno, el obrero-poeta Bartolomeo Vanzetti y Antonin Artaud.

En una época como la actual, en la que la poesía tiende a la domesticación por los más variados mecanismos en los más variados regímenes sociales, los poetas auténticos se encuentran siempre alertas, aunque estén reducidos a la soledad o compelidos por la fuerza y el terror. De pronto aparecen los Vosnesensky, los Evtuchenko para recordar los derechos inalienables del hombre. Estamos próximos al momento en que la revolución en defensa del hombre se desarrollará en el plano de lo poético.
[Para contribuir a la confusión general, 1965]

lunes, 21 de enero de 2013

poe-ta: Aldo Pellegrini: el rayo que no cesa. Por. Jorge A...

poe-ta: Aldo Pellegrini: el rayo que no cesa. Por. Jorge A...: L a flamante aparición, en Buenos Aires, de la Poesía Completa de Aldo Pellegrini ( La Valija de Fuego , Editorial Argonauta, abri...



Aldo Pellegrini: el rayo que no cesa. Por. Jorge Ariel Madrazo





La flamante aparición, en Buenos Aires, de la Poesía Completa de Aldo Pellegrini (La Valija de Fuego, Editorial Argonauta, abril de 2002) tienta a evocar la figura de este insobornable luchador y padre del surrealismo en la Argentina. Más aún: fundador, en 1926 y en esta ciudad, del primer grupo surrealista de habla española, que entre 1928 y 1930 iba a dar a luz los dos números de la legendaria revista Qué.

Más tarde, en 1951, hace hoy poco más de medio siglo, un puñado de artistas piloteados por este intransigente pionero en pro del acercamiento entre poesía y vida decidía nuclearse bajo el rótulo de "Artistas Modernos de la Argentina". Aquel nucleamiento habría de alcanzar notable significación para el devenir en los terrenos pictórico y poético, proyectándose inclusive más allá de las fronteras del país. En él se enrolaron, entre otros, Alfredo Hlito, Tomás Maldonado (hermano del también relevante poeta Edgar Bayley y renombrado artista y teórico él mismo), Enrique Iommi y Sarah Grilo.

Tal actividad no impidió a Pellegrini -antes bien: le infundió renovada energía- dirigir simultáneamente la colección "Los Poetas" para una conocida editorial, o desplegar otras múltiples facetas de una labor creativa signada por la ética y la pasión.

Baste un rápido racconto para advertir la vigencia de tal labor, más trascendente aún en épocas de intemperie social-cultural como la que impera en todo el planeta desde harto tiempo atrás.

1928: Irrumpía en Buenos Aires, con fuerza arrolladora, el número inaugural de la antes citada revista Qué. Pellegrini era ya un ardoroso poeta y temible polemista; más tarde continuaría siendo el virulento portavoz, y teórico, de las vanguardias que entre los ‘40 y ‘70 se enfrentaron al conformista "ambiente" literario argentino. No temió sobresalir como el audaz iconoclasta que combatió por igual a los defensores del fetiche-dinero, de la corrupción generalizada y de una seudo-institucionalidad colmada de vicios, tanto como a "los snobs de la rebelión ornamental y la crápula intelectual". Fue, asimismo, uno de los escasos miembros de jurados de arte capaz de batirse contra los hierarcas de instituciones culturales extranjeras obstinados en negar a los más renovadores plásticos sudamericanos. Y, por si ello fuera poco, el autor de una antología de poesía surrealista juzgada como "la más completa hasta la fecha en cualquier idioma" por el máximo pope de ese movimiento: André Breton.

Suenan hoy más que oportunas las palabras que otro escritor y compatriota suyo, José Viñals, prodigó a Pellegrini durante un acto en la galería Imagen de Buenos Aires, poco después de la muerte de Aldo el lunes 30 de abril de 1973: "Maestro absurdo, maestro contradictorio, maestro de malos modales. Si obedecemos a su pensamiento lo traicionamos, porque a él le repugnaba la obediencia. Nos calentaba la cabeza y el espíritu con sus insurrecciones, pero si tomábamos partido por sus insurrecciones lo traicionábamos, porque ésas eran sus insurreciones, no las nuestras...".

O bien puede recuperárselo en aquellas reuniones en el habitat de otro inolvidable, Oliverio Girondo. La casa al 1400 de la calle Suipacha donde, al abrir la pequeña puerta negra, se alzaba ante el visitante el célebre Espantapájaros de dos metros de alto, levita negra y pantalón rayado; y también "faroles de barco, vías férreas que cruzaban la sala, piedras totémicas, inmensos roperos de caoba, arañas de Murano, piezas diaguitas, un ombú en un ángulo del comedor y el ídolo polinésico, de madera negra como la puerta, presidiendo todo desde lo alto, sentado en cuclillas, dios del olvido...", según la asombrada descripción de Enrique Molina. Allí tenían lugar las citas destinadas a pergeñar la revista Letra y Línea, fundada y dirigida igualmente por Pellegrini en 1954 y donde dio cabida a artistas tan anticonvencionales y disímiles como el músico argentino Juan Carlos Paz, el propio Girondo, Mario Trejo, Juan Carlos Onetti, Henry Miller.

Pero antes había dado vida, asimismo, junto con Enrique Pichón Riviere, a Ciclo (1948) y había sido un pilar de A partir de Cero, esta última bajo la batuta de Molina y aparecida en 1952. Molina y Francisco Madariaga, Bayley, Trejo, Olga Orozco, Norah Lange, Carlos Latorre, Juan Antonio Vasco, Antonio Porchia, Juan Filloy, fueron algunos célebres contertulios, provenientes de los más dispares sesgos estéticos y cosmovisiones, de aquel Pellegrini explosivo e iconoclasta; poeta, ensayista, antólogo y crítico de arte sin más compromiso que sus convicciones, testigo militante de su época y traductor que devolvió su sentido a los Manifiestos del Surrealismo, como lo hizo con Lautréamont, Artaud y Trakl.


subtítulo: Contra snobs y sabihondos

Había nacido en Rosario, Santa Fe, el 20 de diciembre de 1903, para graduarse de médico un cuarto de siglo más tarde. Nadie recuerda hoy que, en el ‘41, la pasión y lucidez de quien era combatiente en todo terreno habían gatillado un libro sobre medicina, Los mecanismos de la curación, en el que no ahorró hachazos a la práctica médica; un mèttier que en otro momento lo llevó a dirigir la Cruz Azul, en Buenos Aires.

Poco antes de partir hacia esa otra dimensión donde, como él mismo dijo, los poetas no mueren sino que permanecen "encantados", Francisco Madariaga evocó, ante quien firma estas líneas, un episodio sintomático: "Estábamos en lo de Girondo, quien había decidido homenajear con una fastuosa paella al mimo francés Marcel Marceau, de visita en el país. Yo olvidé que no puedo comer mariscos; después de hacerlo, dije a Pellegrini: ‘En un rato voy a sentirme muy mal y a hincharme como un sapo’. Apenas ocurrió, Aldo me llevó volando a la Cruz Azul, pero se puso furioso al comprobar que no tenían el remedio que yo precisaba. Hasta empezó a golpear las paredes. Por poco destroza todo...". Madariaga también se divierte al reconstruir la épica distribución de "Letra y Línea" a bordo del auto de Pellegrini, "al que habíamos bautizado O-Clop por el ruido que metía en cada cuneta..."

Nada casual fue la permanente disposición de Pellegrini, estrechamente ligado a figuras como Marcel Duchamp o Michel Tapié, para batallar en favor de las vanguardias. Inclusive, de aquellas en apariencia más distantes de su postura; ejemplo de ello fueron, hacia 1945, los artistas enrolados en el arte concreto y la abstracción geométrica, grupo del que se erigió en vocero y teórico más destacado. Esa misma actitud de lucha y servicio lo empujaría también a crear, en 1955, la "Asociación Arte Nuevo"; a prodigarse en cursos, conferencias, muestras y publicaciones; a motorizar una admirable voluntad de transgresión, desafío y desobediencia al establishment y a la cultura académica, voluntad paradójicamente acrecentada con los años.

Los también excepcionales ensayos por él consagrados a Artaud, Lautréamont, Girondo, Xul Solar, reflejan idéntica pasión, rectitud y nobleza intelectual y personal. La tesis de todos ellos apuntaba a alertar contra cualquier apropiación de esos creadores por "los snobs, que sólo ven en su rebelión un producto de gran valor ornamental", y a prevenir contra "la adoración estúpida de algunos fanáticos que buscan héroes compensatorios de su inferioridad".

La dramaturga Griselda Gambaro recordó cómo, en la Bienal Americana de Arte de Córdoba, en 1966, en la que Pellegrini participaba como jurado en Pintura, "él peleó tanto por los artistas argentinos, especialmente por uno cuyas obras habían desagradado a Sam Hunter, por aquel entonces director del Museo Judío de Nueva York, y salió tan enardecido por la discusión, que se llevó por delante una puerta de vidrio. Se lástimo, hiriéndose una rodilla, y a las próximas reuniones del Jurado asistió en una silla de ruedas, vehemente, lúcido, de pie sobre una estatura que ninguna conveniencia personal alteró nunca".

El autor en 1961 de la Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora), de Antología de la poesía viva latinoamericana (Seix Barral, Barcelona, 1966), de Panorama de la pintura argentinaNuevas tendencias de la pintura o del luminoso Para contribuir a la confusión general (Nueva Visión, 1965), entre tantos otros trabajos, fue asimismo el fervoroso y hoy poco frecuentado poeta de El muro secreto (1949), La valija de fuego (1953), Construcción de la destrucción (1957) y Distribución del silencio (1966). Olvido que en buena medida salvó una muy cuidada edición, por Argonauta, de sus poemas inéditos aún en proceso al fallecer su autor en 1973: Escrito para nadie. Y ahora, por fortuna, esta Poesía Completa editada por el mismo sello al cerrarse el primer cuatrimestre de 2002, y que lleva el título de uno de sus máximos poemarios: Valija de fuego.

Igual que su Teatro de la inestable realidad, la poesía y el pensamiento actuantes de Aldo Pellegrini dan la medida de un hombre que despreció la mera literatura. A casi ochenta años de la aparición de Qué, está más vigente que nunca su insignia vital: "La poesía fue y será, ante todo, un comportamiento". Porque "la puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tienen el hábito del fuego purificador y que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad. La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea habitable para los imbéciles."

jueves, 20 de diciembre de 2012

ANTONIO MACHADO PONDRÁ LA CORDURA DE LA POESÍA CONTRA LA LOCURA DEL NECIO





















.
El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero;
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
.
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
-no fue por estos campos el bíblico jardín-;
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín..

domingo, 16 de diciembre de 2012

Érase una vez Hans Christian Andersen

Érase una vez Hans Christian Andersen | Cultura | EL PAÍS

Érase una vez Hans Christian Andersen

El hallazgo del considerado primer cuento del autor de ‘El patito feo’ arroja nueva luz sobre su obra ‘La vela de sebo’ pudo ser escrito por su creador cuando tenía 18 años




Años antes de publicar La sirenita, El patito feo, La pequeña cerillera y centenares de relatos que lo convertirían en un clásico de la literatura infantil, un joven Hans Christian Andersen concibió la historia de una vela que no hallaba su lugar en el mundo hasta que una caja de cerillas acudió a su rescate, iluminándola y dotándole de todo su sentido. El primer cuento que escribió el entonces estudiante danés ha permaneció inédito durante casi dos siglos, hasta su reciente descubrimiento en un archivo familiar. Un hallazgo que ha sido calificado de “sensacional” en su patria natal.
El historiador local Esben Brage localizó el manuscrito hace apenas dos meses y, a pesar del corto espacio de tiempo transcurrido, diversos conocedores en la obra de Andersen (1805-1875) acaban de validar su autenticidad. Es el caso de Ejnar Stig Askgaard, principal responsable del Museo de la Ciudad de Odense (la ciudad danesa donde apareció la copia a mano del texto de Andersen) y experto en la obra del escritor. “Sin duda, este cuento de hadas debe ser contemplado como el relato más temprano de todos los escritor por Hans Christian Andersen; en él, el joven autor nos habla de la importancia que tiene la autenticidad de las cosas, la autenticidad del interior de nuestra mente frente a la poca trascendencia de la apariencia externa de las cosas”, explicaba ayer Askgaard a este diario.

Bajo el título The tallow candle narra la historia de esa vela de sebo decepcionada por el abandono y la incomprensión, pero que finalmente logra hallar su lugar en el mundo. Junto al enorme valor de tratarse del primer título del célebre cuentista, su hallazgo demuestra que el futuro novelista y poeta estaba interesado en el género infantil desde su juventud y bastante antes de conocer la fama. Así lo sostuvieron ayer algunos de los mayores expertos en la obra de el creador de El soldadito de plomo, entre ellos el mencionadoEjnar Stig Askgaard, quien expresó al diario danés Politiken su absoluta certeza sobre la rúbrica de La vela de sebo.
La primera página del cuento de Hans Christian Andersen. / AFP
Escrito en tinta sobre papel amarilla, el documento fue encontrado en el fondo de una caja que contiene parte de los archivos de una familia danesa, los Plum. No se trata del primer original escrito por Andersen, sino de una copia que encierra una pequeña historia (real). Durante su niñez, el autor contaba sus confidencias a la viuda de un vicario, Madam Bunklefod, a quien años más tarde quiso dedicar su primer cuento: “Para Madam Bunklefod de su devoto H. C. Andersen”, reza la inscripción que el joven adjuntó el manuscrito. La familia heredera de la dama hizo una copia del mismo (en la que también incluyó aquella dedicatoria del autor) y la envió a unos familiares cercanos, los Plum, en cuyo legado ha permanecido desde entonces. Nadie había reparado en ella y en el valor que encerraba, hasta que tan solo hace unas semanas, el historiador danés Esben Brage dio con lo que en principio parecía un simple pedazo de papel.
A decir de los expertos que han examinado minuciosamente el texto, el relato de la vela carece de la calidad y madurez de otras obras que grabaron en mayúsculas el nombre de H.C. Andersen, pero nos abre una importante ventana a sus primeros pasos en el arte del cuento. La pequeña y entrañable historia de la vela fue probablemente escrita entre 1822 y 1826, esta última fecha tres años antes de que el escritor sellara su debut literario. Sucedió a aquel estreno una extensa obra jalonada, entre otros, por más de 160 cuentos, por títulos como Las zapatillas rojas o El traje nuevo del Emperador que han sido y siguen siendo leídos por generaciones y generaciones de niños.

El hallazgo del manuscrito permite sumar un nuevo título a la dilatada obra de un autor universal. “Se trata de un cuento muy moralista, bastante sentimental y sobre todo consigue que un objeto material cobre plena vida”, valoró para el diario The Guardianla autora británica y especialista en cuentos infantiles Sara Maitland sobre el relato del inocente encuentro entre una vela y una caja de cerillas que logra insuflarle las ganas de vivir. “Es un relato muy, muy Andersen, no conozco a otro escritor que sepa conseguirlo de ese modo”, apostilló una Maitland que se declaraba extraordinariamente sorprendida por el hallazgo: “¿Cómo ha podido ese cuento estar tanto tiempo escondido en una caja? Me fascina que nadie lo haya descubierto antes, cuando el mundo está lleno de expertos en la obra de Hans Christian Andersen”
.

Añoranza del paraíso

Lo imagino una tarde fría de invierno de hace poco menos de doscientos años. Hace frío en Odense. El viento mece los tilos fuera de la casa y el pequeño Andersen imagina una canción. Está sentado en el suelo y cose un vestido para sus muñecos. Su madre remienda una camisa a su lado. El niño alza la vista y mira las manos enrojecidas de la mujer. Es lavandera y las aguas heladas del río le agrietan la piel.
Su padre le ha hecho un pequeño teatro de títeres y él prepara una representación con una historia que se ha inventado. El protagonista es un pato de pico desproporcionado que su abuelo loco ha tallado en madera. Se sitúa detrás del escenario para que no se le vea mover los muñecos, lo ha visto hacer así en la plaza de Flakhaven. El escenario es un delantal de su madre colgado entre la mesa y un taburete. La función comienza. Andersen sueña con ser actor...


.
La obra que le abrió a Andersen las puertas del parnaso fue escrita después de los treinta años. Relatos como La sirenita, El traje nuevo del emperador y otros muchos son una invitación a volver al cuarto de los juguetes. Despiertan nuestra capacidad de asombro, como hacía la madre del Patito feo cuando animaba a sus crías a mirar las hojas de los árboles pues creía que el verde era bueno para los ojos.
La miseria con la que convivió el pequeño Andersen, la locura y el alcoholismo presentes en su familia, el desprecio que sufrió por parte de los poderosos y el descubrimiento tardío de su verdadero don, no fueron suficientes para hacerle olvidar su añoranza del paraíso perdido. Quizá fuera su vida un viaje de retorno a aquella infancia donde empezaron a crecer sus sueños.
Hans Christian Andersen nació en una ciudad cuyo nombre invita a la ensoñación. Odense viene de Odín, aquel dios mitológico tuerto que dio uno de sus ojos en compensación por haber recibido tanto saber. La casa en la que creció se reducía a una sola habitación donde se repartían el espacio el taller de zapatero de su padre, la cama que éste había hecho con los restos de un catafalco y el banco donde dormía él. Fue en ese exiguo lugar donde el futuro fabulador empezó a inventar sus historias. Jugaba con sus muñecos, compañía que prefería a la de otros niños. En el tejado de la vivienda su madre tenía un cajón con tierra en el que cultivaba hortalizas y algunas plantas que traía la abuela del asilo municipal. Aquel jardín en miniatura es el mismo en el que Gerda y Kay cuidaban sus rosales antes de que llegara La reina de las nieves.

También en su casa escuchó

por primera vez el escritor las historias de Sherezade de boca de su padre. De él recordaría que las pocas veces que le había visto reír era cuando leía. Era un hombre fantasioso que se sentía víctima de la injusticia por no haber sido nunca admitido en el gremio de los zapateros. Leía la Biblia y meditaba en voz alta sobre ella para espanto de su mujer y su hijo, que consideraban blasfemias todo lo que decía. En una ocasión amaneció con algunos rasguños que se había hecho con un clavo de la cama, Hans Christian creyó que el diablo le había ajustado las cuentas por la noche para dejarle clara su existencia.
La madre de Andersen era supersticiosa y muy religiosa. Siendo el escritor muy pequeño, un soldado español le dio a besar una medalla, la mujer la tiró porque ésas eran cosas de católicos. Cuando murió su marido pensó que se lo había llevado la señora del hielo. Se refería a la imagen de una muchacha que el padre de Andersen decía haber visto en el hielo de la ventana. En 1811 pasó un cometa. La mujer presintió que iba a destrozar la Tierra y que traería grandes desgracias. El pequeño Hans recogió este suceso en el cuento El cometa. Su madre había tenido una infancia muy difícil. Mendigó por las calles al igual que le ocurría a La niña de los fósforos. El escritor reflejó la relación de su madre con la bebida en el relato No era buena para nada.
Andersen era feo y larguirucho, aunque reconocía que cuando su madre le peinaba con jabón su frondosa cabellera rubia "estaba hecho un primor". Era de natural soñador y taciturno no exento de vanidad, rasgo que se veía satisfecho con las representaciones de teatro que inventaba para sus vecinos y las charlas que improvisaba. En una ocasión, mientras hacía alarde de la claridad y timbre de su voz, le insultaron llamándole mujercita. A los quince perdió su voz de niño y como La sirenita, no volvió a cantar.
Solía acompañar a su abuela paterna al hospital de los locos donde ella trabajaba como hortelana. La anciana decía provenir de una familia adinerada que había caído en desgracia al perder sus tierras. A su abuelo los niños le seguían por las calles con gran jolgorio porque llevaba un tricornio de papel. Su nieto se escondía por miedo a que también se burlaran de él. Sabía que compartían la misma sangre.
Al pequeño Hans Christian le gustaba decir que sus orígenes eran nobles y que algún día el emperador de China saldría de debajo del río de Odense para colmarle de riquezas. Padeció los insultos de la gente que a veces le acusaban de estar chiflado como su abuelo. Siempre se sintió un marginado y se mostraba servil y sumiso con los poderosos. El día de su confirmación el párroco le humilló ante todos los niños haciéndole sentarse al fondo de la iglesia porque era el más pobre.

Cuando su padre murió, a resul-

tas de las secuelas que le dejó la guerra, su madre se volvió a casar. La mujer pensó que había llegado el momento de que su hijo tuviera un oficio e insistió para que se hiciera sastre. Pero Andersen tenía muy claro que quería ser famoso. Cuando decidió irse a Copenhague para probar suerte en el teatro, le resumió a su preocupada madre la fórmula que le llevaría al éxito: "Primero hay que pasar penalidades sin cuento y luego uno se hace famoso". La mujer decidió llevarlo a una curandera para que le leyese el porvenir. Se quedó más tranquila cuando la adivina le comunicó que el muchacho llegaría a ser un hombre importante y que algún día la ciudad se iluminaría en su honor, como luego resultó ser cuando lo nombraron hijo ilustre de Odense.
Tenía 14 años cuando se marchó a Copenhague y apenas si sabía leer y escribir. En el futuro se convertiría en uno de los personajes más retratados de su época y uno de los escritores más viajeros del siglo XIX. Realizó 29 viajes al extranjero, incluida España. Siempre llevaba una cuerda en la maleta para salvarse si había un incendio. Dejó memoria de los lugares que conoció en algunos libros.
Él es el soldadito de plomo, la princesa del guisante, el estudiante de las flores de la pequeña Ida, la sirenita, el niño que vio desnudo al emperador, el patito feo, el abeto siempre nostálgico hacia su pasado. Escribió de sí mismo "soy como el agua, a la que todo agita y en la que todo se refleja".
Anne Serrano es autora de la novela para niños La caja de Andersen.

Cuentos de nunca acabar


Con pocas excepciones, los inventores de los cuentos que seguimos contando a lo largo de los siglos son anónimos. Quienes imaginaron por primera vez las aventuras de Ulises y de Simbad el marino, de Edipo y del rey Arturo, de Fausto y de Don Juan no creyeron que fuera necesario firmar sus obras; tal vez les sorprendería saber que hoy asociamos sus invenciones con el prestigio de la literatura. Las excepciones, sin embargo, son honrosas y, para mí, conmovedoras. Poder ponerle un nombre y una cara a quienes una cierta noche soñaron con el conde Drácula o con el monstruo de Frankenstein, con Alonso Quijano o con el desdoblado doctor Jekyll, saber a ciencia cierta que estos magos se llamaron Bram Stoker, Mary Shelley, Cervantes o Robert Louis Stevenson, tiene algo de inaudito, de imposible. Aceptamos que Blancanieves y Caperucita sean apadrinados por los hermanos Grimm (quienes célebremente fueron sus recopiladores); más difícil es creer que la Reina de las Nieves y la enamorada Sirenita fueran la obra de un inspirado danés llamado Hans Christian Andersen.

A pesar de la engorrosa visita, Dickens nunca dejó de admirar los cuentos del danés cuya invención le maravillaba. Sin duda, Andersen se inspiró en leyendas populares oídas en su infancia. En Odense, su ciudad natal, habría escuchado de boca de sus padres y de sus abuelos fábulas y cuentos de hadas, y de los locos del asilo donde su abuela trabajaba y donde el niño pasaba horas enteras, los sueños y pesadillas de posesos y hechizados. Según señalan los especialistas, en una de sus primeras historias, La yesquera maravillosa, publicada cuando Andersen había cumplido ya los 29 años y se hallaba en la más penosa miseria, hay ecos de un cuento folclórico escandinavo, La candela embrujada. Tal ascendencia es probable, como es probable que no exista obra alguna, por más original que nos parezca, enteramente impune de tradición. Lo cierto es que si La pequeña vendedora de cerillas, El ruiseñor del emperador de China, Los zapatos rojos fueron inspirados por narraciones más antiguas, Andersen supo darles la forma justa que los convirtió, para nosotros, sus lejanos lectores, en memorables.naje de uno de sus cuentos, Andersen fue hijo de una lavandera y de un zapatero, que quiso ser hombre de teatro, que creyó que sus atiborradas novelas, melodramáticas obras teatrales, lacrimosos libros de poemas, severas crónicas de viajes y varias jactanciosas autobiografías le otorgarían fama literaria, que juzgaba sus cuentos meras smaating o pamplinas. El hecho de que lectores del mundo entero sólo conocieran y admiraran estas últimas, nunca dejó de atormentarlo. Charles Dickens, cuyos Cuentos de Navidad deben mucho a Andersen, quiso conocerlo y lo invitó a pasar un tiempo en su casa de Londres. Andersen, para quien Dickens era "el autor más grande del mundo", aceptó entusiasmado y permaneció más de un mes en casa del novelista. Para la familia de Dickens, la visita fue una pesadilla. Como Andersen decía perderse fácilmente en los laberintos de Londres, se quedaba días enteros en el salón recortando innumerables muñequitos de papel o haciendo ramitos de flores que prendía a escondidas a los sombreros de sus anfitriones. Mientras tanto, hablaba sin parar, pero nadie entendía lo que decía. "En francés o en italiano, es un salvaje; en inglés, un sordomudo", se quejó Dickens a un amigo. "Mi hijo mayor dice que no hay oído humano que pueda reconocer su alemán ¡y su traductora opina que no sabe hablar danés!". Cuando por fin se despidió, Dickens puso un cartel en el cuarto de su huésped que decía: "Aquí durmió Hans Christian Andersen durante cinco semanas que para mi familia fueron eternidades".

¿Qué es esa forma? Como tan

tas historias que adquieren misteriosamente inmortalidad literaria, los cuentos de Andersen se recuerdan mejor que se leen. Quiero decir: en la página, una cierta intención moralizadora, un dejo de cursilería, un humor algo pedestre y toda suerte de convenciones retóricas obstaculizan la lectura. Leídas en la infancia, cuando somos capaces de leer sin que nos ofusquen las manías del autor, o en el caritativo recuerdo que tanto olvida o perdona, estas trampas del estilo desaparecen y el cuento queda, destilado y pertinaz. No necesito volver al texto para sentir, aún hoy, el delicioso terror que me causó hace ya medio siglo la historia de la niña que pisó un pan para no ensuciarse los zapatos y que, hundida como castigo en el lodo, oye que otros niños cantan su terrible historia. No me hace falta releer el cuento de la ropa nueva del emperador o el Bildungsroman del patito feo para aplicar sus lecciones a tantos momentos de mi vida. ¿Y cómo olvidar la historia del viajero acompañado por un misterioso desconocido que se revela ser alma de un hombre que ha muerto pero que también (lo siento a mi lado mientras escribo) es otra cosa?
Desconozco la fecha precisa en la que leí los cuentos de Andersen por primera vez; me parece conocerlos desde siempre. Los conozco, pero (como la mejor, la mayor literatura) no los entiendo del todo. No logro seguir paso a paso la saga de la pequeña Gerda en busca de su amigo Kay, el de la astilla de cristal en el corazón; no sé por qué el hermano menor de la princesa se ve condenado, al acabar la historia, a conservar una triste ala de cisne, no me explico el trágico final del soldadito de plomo. Siento sin embargo que estas historias son necesarias, que no podrían suceder de ninguna otra manera y que yo, que tantas otras he leído, no sería capaz de concebir el mundo sin ellas.

martes, 20 de noviembre de 2012

MARIANNE MOORE es nuestra proxima cita con la poesía

O PROXIMO LUNS 26 DE NOVEMBRO TENDREMOS CON NOS A MARIANNE MOORE, SEUS POEMAS.
Sera como sempre na Biblioteca MUnicipal, na Praza de España, as sete e media do seran.
Estades todas e todos invitados . Saúde




POESÍA

A mí también me desagrada: hay cosas más importantes que esta fruslería.

Leyéndola, eso sí, con el más completo desdén, uno descubre que, después de todo, hay

en ella espacio para lo genuino.

Manos que pueden agarrar, ojos

que pueden dilatarse, pelos que se paran

si es necesario, estas cosas son importantes no porque una

interpretación altisonante puede imponérseles sino porque son

útiles; cuando se vuelven derivadas hasta lo ininteligible,

lo mismo puede decirse de todos nosotros, que

no admiramos lo que

no entendemos: el murciélago,

colgado cabeza abajo a la espera de algo que

comer, elefantes empujando, un caballo salvaje revolcándose, un lobo infatigable bajo un

árbol, el crítico inmutable crispando la piel como un caballo que siente una pulga, el

hin-

cha del fútbol, el estadístico–

tampoco vale

ejercer la discriminación contra los “documentos de negocios y textos

escolares”; todos estos fenómenos son importantes. Uno debe distinguir,

empero: cuando la empujan hacia la notoriedad los poetastros, el resultado no es

poesía,

al menos no hasta que aquellos de entre nosotros que son poetas puedan ser

“literalistas de

la imaginación” –por sobre

la insolencia y la trivialidad y puedan presentar,

para ser inspeccionados, jardines imaginarios con sapos de verdad en ellos,

la tendremos. Por el momento, si solicitas por una parte

la materia prima de la poesía en

toda su crudeza y

por otra parte lo

genuino, entonces te interesa la poesía.



POETRY

I, too, dislike it: there are things that are important beyond all this fiddle.

Reading it, however, with a perfect contempt for it, one discovers that there is in

it, after all, a place for the genuine.

Hands that can grasp, eyes

that can dilate, hair that can rise

if it must, these things are important not because a

high sounding interpretation can be put upon them but because they are

useful; when they become so derivative as to become unintelligible,

the same thing may be said for all of us, that we

do not admire what

we cannot understand: the bat,

holding on outside down or in quest of something to

eat, elephants pushing, a wild horse taking a roll, a tireless wolf under

a tree, the immovable critic twitching his skin like a horse that feels a flea, the base-

ball fan, the statistician–

nor is it valid

to discriminate against “business documents and

school-books”; all these phenomena are important. One must make a distinction

however: when dragged into prominence by half poets, the result is not poetry,

nor till the poets among us can be

“literalists of

the imagination”–above

insolence and triviality and can present

for inspection, imaginary gardens with real toads in them, shall we have

it. In the meantime, if you demand on one hand,

the raw material of poetry in

all its rawness and

that which is on the other hand

genuine, then you are interested in poetry.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...